El reflujo es algo que muchas personas han sentido alguna vez: una sensación de quemazón que sube desde el estómago hacia el pecho o la garganta, a menudo después de comer. Una cosa es tenerlo de forma aislada y otra muy distinta es vivir con molestias frecuentes que afectan el descanso, la forma de comer o la calidad de vida. Cuando eso pasa, ya no hablamos solo de “acidez” ocasional, sino de enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE).
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ToggleQué es el reflujo gastroesofágico
De forma sencilla, el reflujo es el paso del contenido del estómago hacia el esófago, un tubo que no está preparado para recibir ácido de forma repetida.
Todos podemos tener episodios breves de reflujo, por ejemplo, tras una comida muy abundante o al acostarnos justo después de cenar. El problema aparece cuando los síntomas se repiten varias veces por semana o de manera prolongada en el tiempo. En esos casos se habla de enfermedad por reflujo gastroesofágico, que se define como la presencia de síntomas molestos o complicaciones derivadas de ese ácido que vuelve hacia el esófago.
En general, si hay molestias leves dos o más días por semana, o síntomas más intensos al menos una vez por semana, puede tratarse ya de ERGE y no solo de episodios aislados.
Síntomas más frecuentes del reflujo
Síntomas típicos
Hay dos síntomas que se consideran “clásicos” del reflujo:
- Acidez o ardor en el pecho (pirosis): sensación de quemazón detrás del esternón, que puede subir hacia la garganta.
- Regurgitación: sensación de que sube líquido ácido o alimento hacia la boca, a veces con sabor amargo.
Estos síntomas suelen empeorar:
- Después de comidas abundantes o muy grasas.
- Al acostarse o agacharse.
- En algunas personas, con determinadas bebidas o alimentos (alcohol, café, chocolate, fritos, entre otros), aunque esto varía mucho de una persona a otra.
Síntomas menos evidentes, pero frecuentes
Además de la acidez típica, el reflujo puede dar señales más discretas, que a veces se confunden con otros problemas:
- Náuseas después de comer.
- Tos seca crónica, sobre todo nocturna.
- Ronquera, carraspera o cambios en la voz.
- Dolor de garganta recurrente.
- Sensación de “bulto” en la garganta.
En algunas personas predominan estos síntomas en la garganta o el sistema respiratorio, sin tanta acidez evidente. Esto puede retrasar el diagnóstico porque el foco suele ponerse en la laringe o los pulmones, cuando el origen también puede estar en el aparato digestivo.
Señales de alarma que requieren atención médica
No todos los síntomas de reflujo tienen la misma importancia. Hay signos que los profesionales consideran de alarma porque pueden indicar complicaciones o enfermedades distintas al reflujo común.
Algunos de los más relevantes son:
- Dificultad para tragar (disfagia): sensación de que la comida se atasca, baja con lentitud o duele al tragar.
- Pérdida de peso sin explicación clara.
- Anemia (bajada de glóbulos rojos) sin causa evidente.
- Vómitos con sangre o aparición de heces muy negras, como alquitrán, que pueden indicar sangrado digestivo.
- Dolor torácico intenso, distinto al ardor habitual, sobre todo si se acompaña de falta de aire, sudor frío o dolor que se irradia al brazo o la mandíbula. Estos síntomas pueden estar relacionados con el corazón y requieren atención urgente.
Cuando uno o varios de estos signos aparecen junto con síntomas de reflujo, se recomienda no demorarse en la consulta para valorar estudios y descartar complicaciones.
Estudios que se usan para estudiar el reflujo
No todas las personas con acidez necesitan estudios complejos. A veces, la historia clínica y la exploración física, sumadas a una prueba con medicación, son suficientes para orientar el diagnóstico. Sin embargo, en ciertos casos el profesional puede indicar pruebas específicas para ver cómo está el esófago y qué tan intenso es el reflujo.
Endoscopia digestiva alta
La endoscopia digestiva alta consiste en introducir un tubo fino y flexible con una cámara por la boca, para observar el esófago, el estómago y la primera parte del intestino delgado. Permite ver si hay inflamación (esofagitis), úlceras u otras lesiones, y tomar muestras pequeñas (biopsias) cuando hace falta.
Este estudio se suele indicar ante:
- Síntomas de alarma.
- Reflujo de larga evolución.
- Falta de respuesta al tratamiento habitual.
pH-metría esofágica de 24 horas
La pH-metría esofágica de 24 horas mide cuánto tiempo el esófago está expuesto al ácido y en qué momentos del día aparecen los episodios de reflujo. Para hacerlo se coloca una sonda muy fina a través de la nariz o se utiliza un pequeño dispositivo inalámbrico que se fija temporalmente en el esófago.
Esta prueba ayuda a:
- Confirmar si los síntomas están realmente vinculados a episodios de reflujo ácido.
- Ajustar el tratamiento médico.
- Valorar candidatos a cirugías específicas para reflujo.
Manometría esofágica
La manometría esofágica evalúa cómo se contrae el esófago y cómo funciona el esfínter esofágico inferior (la “válvula” que separa el esófago del estómago). Se usa sobre todo cuando hay dificultad para tragar o antes de ciertas cirugías.
Aunque no es una prueba para medir el reflujo en sí, sí ayuda a entender si hay trastornos motores que favorezcan que el ácido suba con más facilidad.
Cuándo consultar por reflujo
Saber cuándo pedir una valoración médica es una de las partes más importantes de esta guía.
Situaciones en las que conviene pedir turno
Es razonable hablar con un profesional de salud si se presenta alguna de estas situaciones:
- Síntomas de acidez o regurgitación dos o más veces por semana.
- Molestias que se mantienen durante varias semanas seguidas.
- Necesidad de tomar medicamentos de venta libre para la acidez más de dos veces por semana.
- Dolor que interfiere con el sueño o la vida diaria.
- Antecedentes familiares de enfermedades del esófago o estómago y síntomas persistentes.
En estos casos, una valoración permite decidir si basta con cambios de hábitos, si tiene sentido probar medicación específica o si hay que estudiar más a fondo.
Motivos para ir a urgencias
Hay situaciones que no deben esperar:
- Dolor en el pecho intenso o diferente al habitual, sobre todo si se acompaña de falta de aire, mareo, sudor frío o malestar general importante.
- Vómitos con sangre o heces muy oscuras.
- Dificultad marcada para tragar, con sensación de que la comida queda atascada.
Aunque el reflujo puede causar dolor en el pecho, siempre es preferible descartar primero un problema cardíaco o una hemorragia digestiva si los síntomas son intensos o diferentes a lo habitual.
Si ya tenés diagnóstico de reflujo
Incluso con un diagnóstico conocido de ERGE, hay momentos en que vale la pena reconsultar:
- Empeoramiento claro de los síntomas pese al tratamiento.
- Aparición de signos de alarma.
- Necesidad de mantener dosis altas de medicación durante largos periodos sin revisión.
La evolución del reflujo es muy individual, y los controles permiten adaptar decisiones a cada caso.
Hábitos diarios que suelen acompañar el tratamiento
Además de la medicación que pueda indicar el equipo médico, suele recomendarse una serie de medidas cotidianas que, en muchas personas, ayudan a reducir los síntomas:
- Comer porciones más pequeñas y evitar grandes atracones, sobre todo a la noche.
- No acostarse justo después de comer; dejar pasar al menos dos o tres horas.
- Elevar ligeramente la cabecera de la cama en casos de molestias nocturnas.
- Revisar qué alimentos o bebidas empeoran los síntomas en cada persona (no todos reaccionan igual).
- Evitar el tabaco y moderar el alcohol, que pueden favorecer el reflujo.
- Mantener, en la medida de lo posible, un peso saludable.
Estas pautas no sustituyen el tratamiento médico cuando está indicado, pero sí se integran como parte de un abordaje completo.