Hablar de “acidez” o “reflujo” es casi cotidiano. Mucha gente ha sentido alguna vez ese ardor que sube desde el estómago al pecho o a la garganta después de comer. Pero cuando esas molestias se repiten y empiezan a condicionar el día a día, entramos en otro terreno: la enfermedad por reflujo gastroesofágico, o ERGE.
La ERGE no es solo “tener reflujo muchas veces”. Es una condición en la que el paso repetido del contenido del estómago hacia el esófago provoca síntomas persistentes o incluso lesiones visibles en la mucosa esofágica.
Tabla de Contenidos
ToggleQué es la ERGE
Hablamos de ERGE cuando el reflujo:
- Se repite con frecuencia.
- Genera síntomas molestos (acidez, regurgitación, dolor, tos, entre otros).
- O bien provoca complicaciones, como inflamación del esófago u otros problemas asociados.
De forma práctica, cuando la acidez aparece varias veces por semana, dura semanas o meses y afecta al descanso o a las actividades habituales, ya no se considera un simple episodio aislado. Ahí entra en escena la ERGE como diagnóstico posible.
Podríamos ver el reflujo ocasional como la “punta del iceberg” y la ERGE como el cuadro de fondo, más estable y complejo, que necesita un abordaje ordenado.
Síntomas de ERGE que conviene conocer
La ERGE no se presenta igual en todas las personas. Aun así, hay patrones que se repiten y ayudan a orientarse y a ponerle nombre a lo que se siente.
Síntomas típicos
Los síntomas clásicos de ERGE son:
- Acidez o ardor retroesternal: sensación de quemazón detrás del esternón, que puede subir hacia el cuello o la garganta.
- Regurgitación: retorno de líquido ácido o alimento hacia la boca, con sabor agrio o amargo.
Suelen empeorar:
- Tras comidas copiosas o muy grasas.
- Al acostarse poco tiempo después de comer.
- En algunas personas, con alcohol, café u otros irritantes digestivos.
Estos síntomas son los que mucha gente relaciona de inmediato con el reflujo, porque son muy característicos y se repiten en muchos casos.
Otros sintomas
Además de los síntomas “de libro”, la ERGE puede expresarse con señales menos obvias, que a veces llevan a otras especialidades antes de volver al digestivo:
- Tos seca persistente, sobre todo de noche.
- Ronquera, carraspera o cambios en la voz.
- Sensación de “bulto” en la garganta o necesidad de tragar saliva con frecuencia.
- Mal sabor en la boca al despertar.
- Molestias en el pecho que pueden confundirse con otros problemas.
Cuando predominan estas manifestaciones respiratorias o de garganta, la persona puede tardar más en relacionarlas con el aparato digestivo y, por tanto, en recibir un diagnóstico de ERGE.
Señales de alarma
Hay algunos datos que no se asocian solo a ERGE y que piden una valoración más rápida. No significa que haya algo grave, pero sí que el cuerpo está dando señales que conviene escuchar:
- Dificultad para tragar o sensación de que la comida se atasca.
- Pérdida de peso no explicada.
- Anemia sin causa clara.
- Vómitos con sangre o heces muy oscuras, casi negras.
Estos signos no se resuelven solo con cambios de dieta o con medicación ocasional, y suelen requerir estudios más detallados para entender el origen del problema.
Manejo por etapas de la ERGE
El tratamiento de la ERGE no es “todo o nada”. Se suele plantear como un manejo por etapas, combinando hábitos, medicación y, en casos muy concretos, procedimientos específicos.
La idea no es que todas las personas pasen por todas las fases, sino adaptar el camino a la intensidad de los síntomas y a la respuesta al plan inicial.
Primera etapa: hábitos diarios y ajustes en el estilo de vida
Para muchas personas con síntomas leves, los cambios en el estilo de vida son el primer escalón. No resuelven todos los casos, pero suelen marcar diferencia:
- Comidas más pequeñas y repartidas, evitando atracones, sobre todo a la noche.
- Cenar con tiempo, dejando al menos dos o tres horas antes de ir a la cama.
- Elevar la cabecera de la cama unos centímetros para reducir el reflujo nocturno en algunos casos.
- Revisar qué alimentos irritan más: fritos, grasas, chocolate, algunas bebidas alcohólicas o gaseosas tienden a empeorar el cuadro en muchas personas.
- Cuidar el peso corporal, porque el exceso de peso abdominal aumenta la presión sobre el estómago y facilita el reflujo.
Estas medidas parecen sencillas cuando se leen, pero a veces exigen reorganizar horarios o hábitos muy arraigados. Aun así, suelen ser la base sobre la que se construyen las siguientes etapas del manejo de la ERGE.
Segunda etapa: tratamiento farmacológico pautado
Cuando los síntomas persisten a pesar de los cambios de hábitos, es habitual recurrir a medicación. No todas las personas necesitan el mismo esquema, pero los grupos de fármacos más utilizados son:
- Antiácidos y alginatos: alivian de forma rápida al neutralizar el ácido o crear una especie de “barrera” flotante sobre el contenido gástrico. Se usan sobre todo a demanda, en casos puntuales.
- Bloqueadores H2: reducen la producción de ácido durante varias horas y pueden ser útiles en síntomas leves o nocturnos.
- Inhibidores de la bomba de protones (IBP): son la opción de referencia en ERGE moderada o con esofagitis, porque disminuyen de forma intensa y sostenida la secreción ácida y facilitan la cicatrización del esófago.
En la práctica se ven dos estrategias principales: ir subiendo desde opciones más suaves hasta IBP, o ir bajando desde IBP hacia dosis menores o medicación más sencilla cuando los síntomas ya están controlados. La elección concreta depende de la historia clínica, la presencia o no de lesiones en el esófago y las enfermedades asociadas.
Tercera etapa: estudios complementarios y opciones avanzadas
Si los síntomas no mejoran con un manejo bien planteado o aparecen signos de alarma, entra en juego una etapa más avanzada de evaluación.
En este punto se pueden indicar:
- Endoscopia digestiva alta: permite observar directamente el esófago, el estómago y el duodeno, tomar biopsias y valorar si hay erosiones, estrecheces u otras lesiones.
- Monitorización de pH (con o sin impedancia): mide el tiempo que el esófago está expuesto al ácido y relaciona episodios de reflujo con los síntomas. Es útil cuando la clínica no encaja del todo o cuando hay dudas sobre la respuesta al tratamiento.
- Manometría esofágica: estudia la fuerza y coordinación de las contracciones del esófago y el funcionamiento del esfínter esofágico inferior; sirve para descartar otros trastornos motores que se puedan confundir con ERGE.
En casos muy seleccionados, y tras una evaluación cuidadosa, se puede valorar:
- Cirugía antirreflujo, habitualmente por vía laparoscópica.
- Procedimientos endoscópicos destinados a reforzar la barrera antirreflujo.
No son opciones de primera línea, sino recursos para personas con síntomas significativos, dependencia de medicación a largo plazo o complicaciones bien documentadas.
Preguntas frecuentes sobre ERGE (FAQs)
Al hablar de ERGE, aparecen dudas que se repiten una y otra vez. Recogerlas ayuda a ordenar ideas y a poner en palabras lo que muchas personas se preguntan en silencio.
¿La acidez frecuente significa que ya tengo ERGE?
Tener acidez un día aislado, tras una comida muy copiosa o un exceso puntual, no implica ERGE. El diagnóstico se plantea cuando la acidez o la regurgitación aparecen varias veces por semana, duran semanas o meses y afectan al descanso o a la vida diaria. En ese contexto es cuando se habla de enfermedad por reflujo más que de reflujo “normal”.
¿Siempre se necesita una endoscopia para diagnosticar ERGE?
No en todos los casos. En personas sin señales de alarma, un cuadro típico de ardor y regurgitación que mejora claramente con un tratamiento adecuado puede considerarse ERGE sin necesidad de endoscopia inmediata. La endoscopia se reserva para síntomas de alarma, respuesta insuficiente al tratamiento o situaciones en las que haya que descartar otras enfermedades del esófago o del estómago.
¿La ERGE se cura o es algo crónico?
Depende mucho de cada persona. Hay pacientes en los que, tras una temporada de tratamiento y cambios de hábitos, los síntomas quedan bien controlados e incluso desaparecen durante largos periodos. En otros casos, la tendencia al reflujo está muy marcada y obliga a un manejo prolongado, con medicación a demanda o continuada. Más que hablar de “cura” en blanco o negro, se suele hablar de control y prevención de complicaciones.
¿Qué papel tiene la alimentación en la ERGE?
La alimentación no actúa igual en todas las personas, pero se han visto ciertos patrones: comidas muy grasas, frituras, chocolate, menta, bebidas alcohólicas o gaseosas y algunos cítricos pueden favorecer el reflujo en una parte de los pacientes. Por eso se recomienda ajustar la dieta de forma personalizada, observando qué alimentos desencadenan más molestias en cada caso, en lugar de seguir listas rígidas idénticas para todo el mundo.
¿La medicación para la ERGE es “para toda la vida”?
No necesariamente. Hay personas que solo necesitan un ciclo de tratamiento relativamente corto y luego pasan a pautas intermitentes o a usos puntuales. Otras, en cambio, requieren tratamientos más duraderos debido a la intensidad de los síntomas o a la presencia de esofagitis. Lo importante es revisar periódicamente si la dosis, el tipo de medicamento y la duración siguen teniendo sentido para la situación actual.
¿La ERGE puede dar problemas serios?
En muchos pacientes, la ERGE se limita a síntomas molestos pero reversibles. Sin embargo, cuando el esófago convive durante años con ácido y bilis, aumentan las posibilidades de esofagitis, estrecheces o cambios en la mucosa como el esófago de Barrett, que requieren seguimiento. Por eso no conviene normalizar la acidez continua ni basar el manejo solo en remedios ocasionales sin una mirada más amplia.